Pigmalion, de acuerdo con la mitología griega, era un escultor que se enamoró de una de sus obras, y la trataba como a una mujer real. Afrodita, al ver el gran amor de este hombre por su creación, decide dar vida la piedra y cumplir así los sueños de nuestro personaje.

 

En la psicología actual, se le conoce como “Poder de Pigmalión” a que todo lo que esperes que te pase con una determinada certeza se convertirá en tu propia profecía de auto cumplimiento. ¿Sabes el poder que tienen tus pensamientos?, y peor aún ¿sabes el poder que tienen tus palabras? Date cuenta: si dices “no tengo dinero”, ¡pum! En automático andas con la cartera vacía. O “no tengo tiempo”… o como cuando piensas “me voy a caer”, o “me voy a enfermar”, ¿que sucede? ¡¡¡Si!!! O te caes, o te enfermas, o andas corriendo porque no tienes tiempo, ¡o bueno! En suma, se cumple lo que dijiste que sucedería. El problema está que nuestro poder no solamente se ejerce en nosotros mismos, sino que también se ejerce en los demás. Te pongo el ejemplo de una madre que ve a su pequeño hijo que se está encaramando en una silla para poder bajar las galletas de la repisa… ¿qué hace la mamá? Una madre normal se asustaría y gritaría “¡¡¡te vas a caer!!!” y bueno, pues el niño se cae y la mamá (ya sabes cómo son las mamás), “te dije que te ibas a caer”, todavía alardeando del gran poder que tienen sus palabras, aunque, la gran mayoría de las madres desconocen que lo poseen… y también los profesores, y los jefes…

 

Lo bonito del poder de Pigmalión es que, así como puedes generar profecías negativas (me voy a caer) también puedes generar profecías positivas (¡voy a cerrar la venta!), así que si tienes la misma capacidad para generar resultados malos que buenos, y te cuestan el mismo trabajo… pues mejor se usa únicamente al lado positivo, ¿no?

 

efecto-pigmalion-coachingEn mi taller DE JEFE A LIDER COACH, les hablo de este tema, y les remarco muchísimo el hecho de que esperar lo mejor de alguien se puede convertir en una profecía autocumplida. Y te cuento un caso que me sucedió hace tiempo mientras estaba en un proceso de coaching con los profesores de una escuela particular, esto me lo compartió una de las profesoras, quien me dijo que cuando trabajamos el tema, detectó que ella ya había etiquetado a uno de sus alumnos como un mal estudiante, flojo, distraído, que no hacía las tareas ni nada, y pues entonces así lo trataba, de acuerdo con las etiquetas que ella ya le había dado. Sin embargo, a raíz de nuestro trabajo juntas, decidió poner en práctica lo que dijimos en la sesión y asumió que el niño era buen estudiante, y así lo empezó a tratar. ¿Cuáles fueron los resultados? El niño cambió radicalmente su rendimiento, se hizo responsable, entregaba tareas, participaba, estudiaba, y al final del año ¡fue uno de los primeros en su clase!

 

Entonces llegamos a la conclusión que es posible mejorar el rendimiento de una persona proporcionándole un desafío adecuado, conjuntamente con un voto de confianza.

 

Ok, ok, me vas a decir “si, Adriana, tu lo dices, pero en realidad, ¿cómo lo puedo hacer?”, primeramente déjame decirte: jefe, líder, gerente, papá, mamá, profe, es súper fácil! Pero eso si, lo primero, primerito que tienes que hacer es CONFIAR, confía en el método, créeme, si decides confiar, ¡¡¡te vas a sorprender de los resultados!!! ¡Pero bueno! Yo solo te digo que es súper fácil pero no te digo cómo… ¿verdad? Así que vamos a lo que realmente importa, aquí tienes algunas estrategias que puedes llevar a cabo para utilizar el Poder de Pigmalión a tu favor y a favor del desarrollo de tus colaboradores, subordinados, hijos, alumnos:

 

  • Dejar que ellos tomen la iniciativa y fijen sus propios objetivos, en vez de dictar las condiciones y la dirección de su perfeccionamiento. Si tú les fijas los objetivos, tu gente no se adueña de ellos, dicen “ah pues el jefe dijo…” pero hasta ahí queda. No se sienten motivados, ni nada. Es mucho mejor que ellos generen sus propios objetivos, así se sienten mucho más comprometidos con ellos, algo así como “¿cómo no lo voy a cumplir, si yo dije que podía hacerlo?”. Y no, no creas que van a fijar objetivos debajo de lo que tu necesitas, ¡te sorprenderás cuando veas que se ponen objetivos muy parecidos (a veces hasta superiores) a los que tu les pondrias!
  • Señalar los problemas sin ofrecerles solución; esto implica que el otro es capaz de hallar la solución por sí solo. La mayoría de los empleados están super acostumbrados a que tu les solucionas todo, y como ya saben, pues delegan hacia arriba (¡¡¡horror!!!). Pero si a partir de ahora les reviras, les haces preguntas para que ellos encuentren por si mismo las respuestas, se van a dar cuenta que son capaces y entonces tendrán más confianza en ellos mismos, y sabes que es lo mejor? ¡¡¡Vas a tener más tiempo para hacer lo que a ti te corresponde!!!
  • Delegando responsabilidades o poniendo al otro a cargo de un proyecto que requiera nuevas habilidades. Para hacerlo bien se requiere ser sensible a la disposición de la persona a quien se prepara. Esto es bien importante porque a veces las personas no están dispuestas a correr con grandes responsabilidades, por esto es básico que empieces de menos a mas, poco a poco, recuerda que tienen (ellos y tu también) toda una vida trabajando de la antigua manera, asi que dales (y date) la oportunidad de ir poco a poco. Pero cuando ellos vean que tu les das responsabilidades nuevas, que confias en ellos, ¡se sentirán ultracomprometidos contigo y con la empresa!

 

Como leías líneas arriba, lo primero que debes hacer es CONFIARconfía. ¡Serán capaces de hacerlo muy bien! ¡Creeme! Si no tienen oportunidad de hacerlo, ¿cómo sabrán (y tu) que sí pueden?

 

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